THE POINT OF NO RETURN

The Captain’s Log Book 35
January One, 2020
English * Espagnol * Français

THE POINT OF NO RETURN
08º47’712 North / 079º33’003” West.

The Fools hit the Pacific! On December 13, moonlit by the Full Cold Moon, they crossed the Panama canal. With his six locks, this canal is, to Dutch standards, rather ridiculous and it must be only the crossing of a psychological barrier that adds some luster to it. In this respect, it is similar to crossing the Atlantic that, in the right period, is an exploit worth of a Sunday sailor, since the favourable winds and the non-existence of storms are guarantied. The lack of irrefutable insurance papers has been the biggest barrier to cross. A way back is out of question because the fares of the canal have being doubled early morning.

These last months has seen a steady progress. In the shipyard of Cartagena de Indias, the ship went up into the sky, therewith fulfilling for the eleventh time a survival therapy that keeps distant perspectives alive. We did overlook some holes at starboard that the artistic director Leonid managed to fill up with cement. Interestingly, we spend almost three months in the Kuna Yala, a paradisaical archipelago off Panama, inhabited by indigenous tribes, where tourists hardly venture.

There, the skipper took the chance to write the book “Azart” about thirty years of wonders and disasters that reveals some of the secrets of the Fools erratic odyssey. How a centenary vessel converted into a luxury yacht managed without money to sail the seas as a theater ship. The book is ready in February and for this the skipper comes to Amsterdam. After all, by buying this opus, you’ll fill up the diesel bunkers that brings the ship at least halfway the ocean. It seems that the theme of the annual Dutch “Book Week” in the beginning of March is specially tailored for it: “Rebellen en Dwarsdenkers”, to be translated as “Rebels and Crossheaded Fellows”. Of those there’re aren’t too many in the small Dutch Republic of Belles Lettres. If ever the ship makes it over the Australian desert, we quickly add eight pages and a worldwide bestseller is born. Well, this book is definitely not commercial, so it could be wise to embark halfway a ghostwriter to rework it, provided he’s not getting seasick. But that’s pretty useless as well because, once there, we don’t need the money anymore.

Australia lures! Only a pretty pass of ocean separates us. In the right period, not unlike the Atlantic, the ocean lives up to his name: Pacific. What lurks are treacherous coral reefs. What is needed are some youngsters foolish and strong enough to join. A whole train of hopeful fools, everybody being pretty nice, has been dismissed, for being chaotic, lazy, stubborn or whatsoever. So far, there’re six oldies that keep the dream alive. A vessel of hundred-and-four years. Three pensioners approaching their seventies. An engine of sixty years. The ship cat Moretti of fourteen years. Companions of Wild Manners, Come and Join the Blue Barge! This appeal has been made already six century ago. Don’t hesitate longer, you’ll be too late!

It’s high time the skipper adapts himself to the navigational Technics of the new millennium. Just to learn some damned software. So far, he knows to sail with paper charts. He crossed the Atlantic on a 1975 North Atlantic chart of magnetic variation. Eighteen-hundred miles covered by 16 cm. Like looking at a nice globe in your wheelhouse. This lack of GPS guidance harbours some dangers. A few days ago, we decided to spend the high days of X-mas on a island at twelve miles from Panama city. The skipper thought he could get there by sight and ordered the steering lady to point at the middle of an small island. It was the wrong one. The sailor girl happened to suffer the same syndrome as those who steer into a canal because the car navigation system says so. The skipper was quietly servicing the engine room. When he showed, up he could hardly avert a dramatic clash of the ship that aimed the rock at full bicycle speed. The crew could have swum the few meters to the coast. But this is of such a ludicrous nature that the Fools would instantly gain some world renown, albeit somewhat prematurely. Somehow, it would be the most poetic apotheosis of the millenary history of the Ship of Fools, very hard to beat. The Uluru rock certainly could.

EL PUNTO DE NO RETORNO
Primero de enero, 2020

¡Los Locos han llegado al Pacífico! El 13 de diciembre, iluminado por la Luna Llena, cruzaron el canal de Panamá. Con sus seis esclusas, este canal es, para los estándares holandeses, bastante ridículo y eso debe ser solo el cruce de una barrera psicológica que le agrega algo de brillo. A este respecto, es similar a cruzar el Atlántico que, en el período correcto, es una hazaña digna de un marinero dominical, ya que están garantizados los vientos favorables y la inexistencia de tormentas. La falta de un seguro irrefutable ha sido la barrera más grande para cruzar. El camino de regreso está fuera de discusión porque las tarifas del canal se han duplicado a la primera hora de esta mañana.

Estos últimos meses han visto un progreso constante. En el astillero de Cartagena de Indias, el barco subió al cielo, cumpliendo por undécima vez una terapia de supervivencia que mantiene vivas las perspectivas distantes. Hemos pasado por alto algunos agujeros en estribor que el director artístico Leonid logró llenar con cemento. Curiosamente, estuvimos casi tres meses en Kuna Yala, un archipiélago paradaisical frente a Panamá, habitado por tribus indígenas donde turistas apenas se aventuran.

Allí, hemos aprovechado la oportunidad para escribir el libro “Azart” sobre treinta años de maravillas y desastres que revela algunos de los secretos del odiseo de los Locos. Cómo un barco centenario convertido en un yate de lujo logró navegar por los mares como un teatro sin dinero. El libro estará listo en febrero y para esto el capitán llega a Amsterdam. Después de todo, al comprar este opus, llenarás los búnkeres con el diesel que lleva al barco por lo menos a la mitad del océano. Parece que el tema de la “Semana del Libro” holandesa anual a principios de marzo está especialmente diseñado para ello: “Rebeldes y non-confirmistas”. De esos no hay demasiado en la pequeña república holandesa de Belles Lettres. Si alguna vez el barco llega al desierto australiano, añadimos rápidamente ocho páginas y nace un bestseller mundial. Bueno, este libro definitivamente no es comercial, por lo que sería aconsejable embarcar a mitad de camino a un escritor fantasma para volver a trabajarlo, siempre que no se maree. Y eso tampoco sirve mucho, porque una vez llegado a la roca, ya no necessitamos dinero.

Australia nos llama! Solo un bonito paso del océano nos separa. En el período correcto, no muy diferente del Atlántico, el océano hace honor a su nombre: Pacífico. Lo que acecha son los larrecifes traicioneros. Lo que se necesita son algunos jóvenes lo suficientemente locos y fuertes como para unirse. Un a banda completo de locos esperanzados, aunque bastante cariñosos, ha sido despedido, por ser caótico, perezoso, terco o lo que sea. Hasta ahora, hay seis viejos que mantienen vivo el sueño. Una embarcación de ciento cuatro años. Tres pensionistas que se acercan a los setenta. Un motor de sesenta años. El gato Moretti de catorce años. Venga! Compañeros de Maneras Salvajes, Venga al Braco Azul! Eso es un texto de ya hace seis siglos sobre el Barco de los Locos. No hesita mucho más, será demasiado tarde!

Ya es hora de que el capitán se adapte a las técnicas de navegación del nuevo milenio. Solo para aprender un maldito software. Hasta ahora, él sabe navegar con cartas marítimas de papel. Cruzó el Atlántico con una carta del Atlántico Norte de variación magnética. Mil ochocientos millas cubiertos por 16 cm, es como tener un globo de los más bonitos en su timonero. Esta falta de un guía GPS alberga algunos peligros. Hace unos días, decidimos pasar los días festivos en una isla a doce millas de la ciudad de Panamá. El capitán pensó que podía llegar allí a simple vista y apuntaba a la chica marinera la dirección, en medio de una isla. Era la isla equivocada. La timonera sufre el mismo síndrome que aquellos que se dirigen a un canal porque el sistema de navegación del coche lo manda. El capitán estaba tranquillo en la sala de máquinas, poniendo aceite. Cuando volvió al puente, por muy poco podía evitar un choque dramático con la roca. Hubiería possible de nadar a la tierra. Pero es de una naturaleza tan grotesca que los locos ganarían algo de fama mundial, aunque de forma algo prematura. De alguna manera, sería la apoteosis más poética de la historia milenaria del Barco de los Locos, muy difícil de superar. Ciertamente, la roca Uluru podrá.

LE POINT DE NON-RETOUR
Premier Janvier, 2020

Les Fous ont atteint le Pacifique! Le 13 décembre, sous la Pleine Lune, ils ont traversé le canal de Panama. Avec ses six écluses, ce canal est, aux yeux d´un Hollandais, assez ridicule et ce ne doit être que le franchissement d’une barrière psychologique qui lui donne un peu d’éclat. A cet égard, elle s’apparente à la traversée de l’Atlantique qui, dans la période juste, est un exploit digne d’un marin du dimanche, car les vents favorables et l’inexistence de tempêtes sont garanties. Le manque d’une d’assurance maritime irréfutable a été le plus grand obstacle à franchir. Un retour en arrière est hors de question car les tarifs du canal ont doublé à la première heure de ce matin.

Ces derniers mois ont connu une progression constante. Dans le chantier naval de Carthagène des Indes, le navire est monté encore une fois dans le ciel, suivant ainsi pour la onzième fois une thérapie de survie qui maintient en vie des perspectives lointaines. Nous avons négligé quelques trous à tribord que le metteur-en-scène Leonid a réussi à plomber avec du ciment. Fait intéressant, nous avont passé près de trois mois dans la Kuna Yala, un archipel paradisiaque au large du Panama, habité par des tribus indigènes où les touristes s’aventurent à peine.

Là, nous avons profité de la beauté pour écrire le livre “Azart”, sur trente ans de merveilles et de désastres, qui dévoile quelques des secrets de l’odyssée erratique des Fous. Comment un navire centenaire transformé en yacht de luxe a réussi à naviguer sur les mers comme un théâtre sans argent. Le livre est prêt en février et pour cela le skipper vient à Amsterdam. Après tout, en achetant cet opus, vous remplirez les bunkers avec le diesel qui amène le navire au moins à mi-chemin de l’océan. Il semble que le thème de la “Semaine du Livre” néerlandaise au début du mois de mars soit spécialement conçu pour elle: “Rebelles et Non-conformistes”. D’eux, il n’a pas trop dans la petite république néerlandaise de Belles Lettres. Si jamais le navire traverse le désert australien, nous ajoutons rapidement huit pages et un best-seller mondial est né. Eh bien, ce livre n’est certainement pas commercial, il pourrait donc être malin d’embarquer à mi-chemin un écrivain-fantasme pour le retravailler, à condition qu’il ne souffre pas du mal de mer. Mais ca ne vaut plus le coup, car une fois là, on n’aura plus besoin d’argent, ayant atteint le but.

L’Australie nous appèle! Seul un joli bout d’océan nous sépare. Dans la bonne période, un peu comme l’Atlantique, l’océan est à la hauteur de son nom: Pacifique. Mais des récifs traître se cachent. Ce qu’il nous faut, ce sont des jeunes assez fous et forts pour se joindre. Tout un train de fous, plein d’espoir, a été rejeté, pour être chaotique, paresseux, têtu ou quoi que ce soit. Tous étant bien gentils. Jusqu’à présent, il y a six vétérans qui gardent le rêve vivant. Un navire de cent-quatre ans. Trois retraités approchant les soixant-dix. Un moteur de soixante ans. Le chat Moretti de quatorze ans. Venez, Vos Compagnons de Manières Sauvages, Venez au Nef des Fous! Cet appel date de six siècles. N’hésitez pas, sinon ça serait trop tard!

Il est grand temps que le skipper s’adapte aux techniques de navigation du nouveau millénaire. Juste pour apprendre quelques maudits logiciels. Jusqu’à présent, il sait naviguer avec des cartes maritimes de papier. Il a traversé l’Atlantique sur une carte de l’Atlantique du Nord de variation magnétique. Chaque centimètre couvre 120 milles. C’est comme avoir une belle globe dans la passerelle. Ce manque de guidage GPS herbérge certains dangers. Il y a quelques jours, nous avons décidé de passer les jours de fête sur une petite île à douze milles de la ville de Panama. Le skipper crut pouvoir y arriver à vue et ordonna à la timonière de pointer au milieu d’une île. Ce n’était pas la bonne île. La pauvre fille souffre du même syndrome que ceux qui se dirigent vers un canal parce que le système de navigation de voiture ainsi le dit. Le skipper était dans la salle des machines, en toute tranquilité. Quand il est monté sur la passerelle, il ne pouvait guère éviter un choc dramatique du navire qui visait le rocher à pleine vitesse. Nous aurons pu nagé ces quelques mètres. Mais c’est d’une nature tellement ridicule que les fous gagneraient instantanément quelque renommée mondiale, quoique un peu prématurément. D’une certaine manière, ce serait l’apothéose la plus poétique de l’histoire millénaire de la Nef des Fous, très, très difficile à battre. Certainement, le rocher d’Uluru le pourrait.

Written By August Dirks

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *