La Bitácora del Capitán 46
Amsterdam, 8 de enero, 2026
Elogia de la Locura

El Periodico del Cinema, junio 2026
Karin Wolfs
Foto: Marja de Vries
Navegando hacia el horizonte a bordo del legendario barco Azart de Ámsterdam, en esa oda casera a su intrépido capitán.
El nombre “Azart”, con el que el capitán August Dirks bautizó su barco de pesca de 1916, convertido en barco teatro a finales de los ochenta, significa fuego, pasión. La palabra está relacionada con el inglés “hazard” (riesgo) y el francés “par hasard” (por accidente). Mientras Dirks mueve las manos de izquierda a derecha como olas rompiendo, explica su significado. Abarca desde la mala suerte, pasando por el destino, hasta la buena fortuna, la coincidencia, el azar y la “empresa difícil, hasta el término ruso “la energía con la que lo arriesgas todo“.
Esto último es precisamente lo que hizo Dirks cuando le dio la espalda a la vida civil regulada y abrazó la libertad en una aventura de treinta años que, por cierto, resultó ser tremendamente dura. Si aquel hombre alto, delgado y rubio, con zuecos, ojos azul marino y aire poético, tenía algún plan, era seguir las rutas comerciales coloniales holandesas de una manera mejor: “jugar en lugar de robar, compartir y sanar en lugar de matar”.
En sus viajes, el visionario capitán iba acompañado de una variopinta tripulación que llegaba y partía: un grupo deliciosamente impredecible, sin seguro y rebelde a bordo de una viejo buque con goteras. Si bien su actitud intrépida ya entonces daba testimonio de un anarquismo contagioso, en la actual era de excesiva regulación, que ha elevado la “seguridad” a un mantra asfixiante, sirve como una refrescante fuente de inspiración.
Esta retrospectiva sirve de pretexto para el último viaje del Azart, que se presenta en 2020 cuando al capitán le diagnostican una enfermedad incurable. Pero el curado de espanto Dirks se niega a dejarse amedrentar por el alarmante diagnóstico del especialista: “La suerte favoresca a los locos”. Su viaje siempre ha sido una sucesión de planes fallidos, promesas rotas y encuentros inesperados; nada está escrito en piedra. La mirada de Dirks permanece ligera y fija en el horizonte: zarpa en busca de un nuevo destino para su barco, al otro lado del mundo.
A través de grabaciones caseras realizadas por los miembros de la tripulación y fragmentos de hermosa animación stop-motion, nos convertimos en parte de la aventura de treinta años de este capitán alocado y su obra de arte flotante. Desfila ante nosotros una alegre colección de actuaciones disparatadas, impresiones, anécdotas y encuentros extraordinarios. En sus enfrentamientos con las autoridades, el capitán refleja la realidad de la sociedad. El mundo es un loquería, el barco la expresión de un sueño hecho realidad. ¿Adónde puedes llegar si vives con entrega, confianza y atrevimiento en lugar de con miedo al fracaso? Qué hermosa es la vida cuando puedes encontrar placer y belleza en lo absurdo y en el fracaso. Quien considera al mundo su hogar encuentra amigos en todas partes, enseña Dirks: “La vida es venir, compartir, irse”.

